Angelito, el venadito narrador

Arturito y Lupita son dos hermanitos que viven en la Comunidad de Santa Rosa, una población que se encuentra en Sayaxché, Petén.  Su padre tiene una tienda en Sayaxché, y cada mañana los va a dejar a la escuela y regresa a traerlos a la hora de salida.

Algunas veces él tiene que quedarse hasta bien entrada la tarde y es cuando los chicos aprovechan para ir a pasear cerca del Río La Pasión, guiados por su primo Ramiro, un muchacho mayor y muy cuidadoso de ellos.

Como todos sabemos, este río no sólo es grande y rápido sino que está rodeado de enormes árboles hay muchos animales, lindas flores, todo lo cual les parece de maravilla a Arturito y Lupita.

Entre toda la fauna que conocen, tienen un amigo muy especial. Se llama Angelito, quien  es un hermoso venadito que habita cerca del río La Pasión. Al nada más acercarse los niños, el animalito sale a encontrarlos, asoma su cabeza por entre los arbustos y mueve su colita poco a poco como diciendo: “Hola, amigos, qué gusto verlos de nuevo ¿cómo han estado?”.

En realidad Angelito les saluda diciendo tales palabras en español, pero estas solo las escuchan Arturito y Lupita. ¡Nadie más puede oírlo y a nadie se le puede contar! El venadito siempre les narra alguna historia, y por eso su amistad se ha hecho muy fuerte y bonita.

-Hoy quiero contarles algo que ocurrió no hace mucho, aquí, en el Río La Pasión, empieza a narrar, mientras Lupita le acariciaba sus orejas.

-Un día muy soleado, en uno de estos veranos tan calientes de ahora-dice Angelito – de pronto escuchamos todos los que aquí vivimos un ruido infernal. Al principio no supimos de qué se trataba, pero en pocos segundos se dejó sentir un calor tremendo, insoportable. ¡Un verdadero infierno!

De repente nos dimos cuenta de lo que estaba pasando: aquella temperatura tan alta era causada por un tremendo incendio que se había declarado en la selva. Según contaba el jaguar a toda prisa, que fue el primero en pasar corriendo en busca de un lugar seguro, habían sido unos hombres malvados los que le habían prendido fuego al área.

De pronto reaccioné y me di cuenta de que yo también estaba en peligro, prosiguió el venado. Vi pasar a mis amigos los monos corriendo como desesperados. Y también salían de todos lados los mapaches, los conejos, las serpientes, los tacuacines y las ardillas. ¡Hasta el tucán y la guacamaya se fueron volando!

Y las llamas cada vez más grandes y más feroces quemaban todo a su paso. Ni siquiera cuando llegaron unos hombres a lanzarles agua pudieron frenarlas. ¡Aquello parecía el fin del mundo!, exclamaba el venadito con la angustia reflejada en su cara.

De pronto me di cuenta que yo y un grupo de animalitos de la selva estábamos atrapados entre el fuego y el río. La mayoría no sabía nadar en aguas profundas y nos sentíamos condenados a morir sin remedio. Y tampoco podíamos regresar de dónde venimos, porque las llamas seguían creciendo a nuestras espaldas.

Fue entonces cuando aparecieron unos hombres que salieron de unas lanchas que navegaban por el Río La Pasión. Después de dejarlos en la orilla, se acercaron a nosotros con mucho cuidado y, poco a poco, iban trasladando a cada uno hacia aquellas lanchas, donde estábamos seguros y libres tanto del agua como del fuego. Oí que a algunos de ellos les decían “Ingenieros”, también habían personas de la comunidad, de la Municipalidad y de otras oficinas. Cuando ya tenían a varios de mis amigos a bordo de las lanchas, se marchaban hasta un claro del sector, donde nos prepararon alimentos y nos cuidaron durante varios días, hasta que las llamas por fin desaparecieron y nos regresaron a nuestros lugares de origen.

No sé qué habríamos hecho sin su ayuda, pero el caso es que estamos vivos y seguimos aquí en nuestra selva, gracias a que llegaron a tiempo. Nos cuidaron y nos protegieron, y hasta la fecha lo siguen haciendo.

Arturito y Lupita se quedaron sorprendidos, pero no les quedó mucho tiempo para seguir conversando. Su primo, que no había escuchado la narración, les gritó que se hacía tarde y debían regresar. Mientras lo alcanzaban, los hermanitos seguían comentando, muy sorprendidos, aquella increíble aventura que les había relatado su amigo Angelito, El Venadito Narrador.

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2017-06-19T02:39:26+00:00